Talleres de Clínicas CITA: Problemas de territorio

En el blog de Centro de desintoxicación sin ingreso trataremos hoy del significado emocional de algunos trastornos físicos, como la cistitis o los problemas de próstata.

Los animales se sirven de la orina para delimitar su territorio, lo mismo que hacen los seres humanos con los ríos, resulta muy práctico. De hecho, la experiencia confirma la frecuente relación entre cistitis y problemas de territorio.

Cuando a la consulta llega una paciente con cistitis y describe las circunstancias que le rodean, el hecho de sugerirle que ‘los animales se sirven de la orina para delimitar su territorio’, sin decir nada más, despierta muchas veces en ella la sensación de que esta imagen refleja perfectamente lo que siente. Las mujeres que padecen cistitis repetitivas, suelen sentirse invadidas o no encuentran su propio territorio en el espacio conyugal.

Un ejemplo frecuente es la cistitis que tienen las mujeres jóvenes después de haber tenido una relación sexual. El joven sacia en ella su apetito; pero no es eso exactamente lo que ella esperaba de él, al menos no de esa manera. Él toma, ella da. Es como un inmenso malentendido sexual que nace de la diferencia de polaridades.

Claro que no siempre las cosas son tan sencillas ni las polaridades están tan claramente definidas, pero observemos que la cistitis es, casi siempre, una enfermedad femenina. ‘¿Cuál es mi lugar en todo esto?’, se pregunta ella.

La cultura de los siglos precedentes, de la que apenas hemos salido, ha situado a la mujer en el hogar, es decir, es ella la que cuida el territorio familiar. Tal vez por eso es más sensible que el hombre a los problemas de territorio y más consciente de la necesidad de un espacio vital interior, tanto subjetivo como objetivo, que sea suyo de veras.

Y, aunque es cierto que la aspiración legítima de la mujer actual es no ser considerada sólo una ‘ama de casa’, no es menos cierto que es ella la que se ocupa de la decoración interior, y que es más sensible al orden que reina en el hogar que el hombre, que se adapta con cierta facilidad a vivir en medio del desorden sin apenas darse cuenta.

Y, sin forzar demasiado la caricatura, vemos que, cuando el marido se jubila, elige entre instalar el sillón frente al televisor, ante el ordenador o detrás del periódico, pero, en cualquier caso, para ella será como un okupa, alguien que no encaja en el decorado, a menos que se dedique al bricolaje en el garaje, en el jardín, es decir fuera. No deja de ser curioso que sea también a esa edad cuando a ellos se les suele formar pólipos en la vejiga.