Clínica de desintoxicación sin ingreso – Modelos para buscar pareja

Clínica de desintoxicación sin ingreso – Modelos para buscar pareja

En el taller de gestión emocional de Clínicas CITA, hemos tratado de los distintos modelos de buscar pareja. En un centro de desintoxicación y deshabituación, estos talleres están orientados al crecimiento personal y a suministrar recursos para la correcta gestión de las emociones.

Si se utiliza el matrimonio para huir de la casa paterna, será con bastante seguridad el pistoletazo de salida de una crisis permanente. Si se quiere escapar lo antes posible de las riñas paternas o si uno se casa tardíamente sólo para irse, es casi indiferente en lo que concierne al potencial de crisis. Con frecuencia se añade a esto que en tales situaciones se suele contraer matrimonio con el primero que pasa. El objetivo del matrimonio se cumple en estos casos con la boda y después ya no quedan motivos para seguir juntos. Si aun así se sigue para salvar las apariencias, el crecimiento necesario en toda relación estará en gran medida bloqueado. A menudo, sólo una parte persigue determinada finalidad, y engaña consciente o inconscientemente a su pareja en sus justificadas expectativas de una vida y crecimiento en común. En un sentido amplio, si observamos con atención, la estafa conyugal está más extendida de lo que normalmente se supone.

Se puede constatar que, al dar el paso hacia el matrimonio, la insinceridad hacia uno mismo y hacia la pareja se pone de manifiesto con el paso del tiempo y se convierte en un detonante. Los matrimonios especulativos tienden tendencia a convertirse en cárceles que impiden la evolución y el despliegue de las capacidades en vez de fomentarlas.

Cuanto menos se hayan superado las crisis precedentes de la vida, tanto mayores son las hipotecas que se llevan al matrimonio. Precisamente en el caso de los llamados matrimonios por amor, con el tiempo se mostrarán cualidades de la pareja que uno no pueda soportar. Al principio, uno se enamora de todos los maravillosos rasgos que se ven también en uno mismo o que uno querría ver y espera desarrollar. Con el tiempo, se produce el conocido efecto costumbre y entonces aparecen poco a poco todos aquellos rasgos que uno nunca habría sospechado en él o ella. Son precisamente aquellos rasgos que uno rechaza en sí mismo los que no se ven y no se quieren ver, los que le repelen a uno tanto que los ha reprimido. Cuando ahora afloran en la pareja, resulta especialmente irritante y perturbador. En principio, nos gustaría que nuestra pareja no reflejara sombra alguna e iluminara sólo nuestro lado bueno. Esto responde al vano sueño del amor eterno. En una relación de pareja como ésta, se puede disfrutar mucho pero no se puede aprender nada.

Un discípulo de Jung dividía las relaciones de pareja en dos categorías básicas. Habla de la relación para el bienestar, que discurre cómodamente y no obliga a enfrentarse continuamente con las sombras, y de la relación para la salvación, en la que nada funciona sin esas sombras. La sabiduría popular formula esto mismo en dos refranes, en torno a los que gira toda relación de pareja: ‘Igual con igual no va mal’, que apunta a una pareja para el bienestar, sin grandes tendencias de desarrollo; ‘los extremos se atraen’ hace, en cambio, referencia a la pareja para la salvación, que constantemente produce sombras y las elabora, es decir, que las quiere integrar.

En las relaciones para el bienestar, ocupa el primer plano la pretensión de que la pareja se encargue de que haya bienestar. Con frecuencia, se desarrolla una armonía superficial, que vive de la similitud de los miembros de la pareja y alberga en sí el peligro de la armonía aparente. Esta relación implanta la ilusión de que lo que importa es tener armonía. Pero la verdadera armonía se hace realidad –aunque con dificultades- más bien a través de la relación para la salvación. Necesita tempo para desarrollarse y no tiene nada de superficial.

En la práctica, en la mayoría de los casos lo que hay son mezclas de los dos polos, la salvación y el bienestar. Cuanto mayores sean las diferencias entre los dos amantes, tanto más fuerte tiene que ser el enamoramiento que supere este abismo. Enamorarse significa entregarse al eco, vibrar a un nuevo nivel común. Cuanto más largo sea el camino que hay que dejar atrás desde la vibración acostumbrada para ajustarse a una nueva en común, tanto más claramente se percibirá la sensación de enamoramiento. Pero esa es también la razón de que el amor apasionado se transforme con tanta frecuencia en odio frío. Cuando el otro empieza a mostrar caras muy distintas y la relación no se utiliza como oportunidad para el crecimiento común mediante la integración de las partes que le faltan a cada uno, sino que se abusa de ella para proyectarse, estamos ante un poderoso explosivo. Cuanto más apasionado el amor originario, tanto mayores son las oportunidades de madurar en una relación, pero tanto mayor también la posibilidad de caer en el odio a través de la proyección.

En el matrimonio racional, el abismo a superar será menor, pues al fin y al cabo, se ha buscado una pareja que armoniza con uno. En todo caso, el sentimiento amoroso, si es que existe, será consecuentemente más débil, lo que afecta al potencial de odio y las posibilidades de desarrollo. De hecho, tales relaciones son con frecuencia más fáciles de mantener a falta de material explosivo, dada la predominante tendencia hostil al desarrollo y el amplio gusto por proyectar.