El control de los impulsos y la adicción

En el blog del centro de desintoxicación sin ingreso de CITA hablaremos de una falsa creencia: se cree habitualmente que las personas adictas casi no tienen control sobre sus impulsos y su conducta, o bien, que su craving es irresistible.

Según como, parece que sea cierto, ya que estas personas parecen estar guiadas por una fuerza tan poderosa, que se ven involucradas en conductas adictivas incluso cuando reconocen s pode destructivo. De hecho, muchos de ellos realizar numerosos intentos de abortar el consumo para poder controlar su conducta y aseguran que no pueden.

Su percepción de que están fuera de control tiene la ventaja positiva de inducir a la persona adicta a buscar ayuda antes de continuar gastando energía en intentos inútiles de ejercer el control, frecuentemente seguidos de la culpa por no haber conseguido contrarrestar el impulso.

En gran medida, desarrollar control no es más que un problema técnico. Suele ser necesario, para aquellas personas que son adictas, aprender determinadas técnicas para reducir el craving y establecer algunas medidas de control. Por un lado, se requiere explorar cuáles son los orígenes del craving. Por otro lado, la noción de pérdida completa de control es una visión simplista y no hace justicia a los recursos internos potenciales de que dispone la persona para luchar contra ello. En realidad, la mayoría de las personas que abusan de las drogas realmente ejercen control la mayor parte del tiempo. Cuando el impulso no es muy fuerte o la sustancia no está disponible en un momento determinado, son capaces de abstenerse. Ante la primera sensación de craving no salen necesariamente a perseguir de forma salvaje la droga.

El craving activa una especie de rutina para conseguir droga: evalúa las fuentes que tiene el individuo para poder consumar el impulso, genera un plan, el cuerpo se moviliza y se prepara para actuar, y la fisiología cambia hacia un estado receptivo. El craving se acompaña de una variedad de sensaciones corporales, se puede decir que parecidas al hambre o a la angustia que se siente cuando se desea a alguien o a algo. Esta clase de apetito opera de acuerdo con el principio del placer, contrario al deseo de controlar el impulso.

El deseo de no consumir drogas y, por lo tanto, de controlar, no se expresa deforma visceral, sino que se experimenta como una clase de estado mental. Por lo tanto, estas dos motivaciones opuestas, el craving y el autocontrol (o fuerza de voluntad) son cualitativamente distintas.

Paralelamente a la decisión de no utilizar la droga, existe la decisión de dar permiso. Por tanto, el individuo puede decidir si es o no indulgente. Si el craving es fuerte, la decisión de rechazar o abstenerse será demasiado débil para poder controlar el deseo. Si el balance es favorable al rechazo, no se producirá el consumo de drogas.

Incluso cuando el impulso es fuerte, las personas adictas pueden llegar a veces a abstenerse, sobre todo si la droga no está inmediatamente disponible. Es importante reconocer que la conducta adictiva está relacionada con el balance del control frente al impuso.

O es necesario eliminar totalmente el craving por consumir o instaurar un control absoluto. Es suficiente con cambiar el equilibrio de fuerzas. Un cambio que implique la reducción del craving o un incremento del control, interrumpirá la progresión hacia la utilización de drogas a corto plazo. Como el objetivo es la abstinencia permanente, una mejoría duradera requiere un cambio suficientemente prolongado en dicha correlación de fuerzas, de manera que proporcione un margen suficiente para estar seguros de que se mantendrá la abstinencia. Por tanto, el tratamiento se dirigirá hacia ambas partes de la ecuación: incrementar el control y reducir el craving.