¿Por qué se fuma?

¿Por qué se fuma? Fumar no es una conducta esencial o de supervivencia. Sin duda alguna, fumar es adictivo, tanto física como psicológicamente. Es inaceptable socialmente, cada vez más. En calidad de consumidores de tabaco, los fumadores se sienten como una minoría excluida.

Quizás una de las causas de esta paradoja radica en la falta de conciencia, un aspecto común a todas las sustancias adictivas legales e ilegales. La falta de conciencia puede provocar que los consumidores de cocaína no reconozcan que su vida y su economía se encuentran en peligro debido al consumo continuo de droga o que los alcohólicos no admitan que beber es perjudicial para ellos y para los demás.

Los fumadores son aún más vulnerables a la falta de conciencia porque esta forma de adicción no produce la euforia que crean los estimulantes, ni la somnolencia, la disforia, las alucinaciones y la falta de coordinación que producen los estimulantes y los opiáceos.

Aún tiene mayor importancia que el daño biológico (cáncer, cardiopatía, ictus y otras enfermedades derivadas del tabaco) no aparezca hasta muchos años después de que se comience a fumar. Ya que la mayoría empieza a fumar en los últimos años de la adolescencia o en los primeros de la vida adulta, un momento de invulnerabilidad psicológica, y como hay evidencias de que el tabaco puede producir sensación de aumento de agilidad mental y reducción del estrés o de la fatiga, su dominio sobre el individuo incluso se incrementa con el tiempo.

Los cigarrillos son básicamente sistemas de administración de aproximadamente 10 mg. De nicotina, de los cuales alrededor del 1-2% llega a los pulmones. Después, la nicotina se absorbe y se distribuye por todo el cuerpo.

Cualquier resto de nicotina no metabolizada permanece en el cuerpo estimulando los neurotransmisores y favoreciendo los efectos adictivos de la droga. La rapidez de la absorción y el posterior índice de excreción provocan ansiedad y tolerancia.

La nicotina, una vez absorbida, estimula el sistema cardiovascular. A altas dosis, pueden presentarse vértigo, náuseas y vómitos, que desaparecen una vez el organismo se ha equilibrado. Con una vida media de 2 a 4 horas, la nicotina permanece activa en el consumidor de 6 a 8 horas, especialmente si se recarga de modo regular con un nuevo cigarrillo. Una vez en camino hacia el cerebro, también se metaboliza rápidamente. El hígado y los riñones la absorben y, luego, excretan la nicotina restante: del 2 al 35% a través de la orina.

La nicotina es también un estimulante de acción central con numerosos efectos neurológicos. El primer cigarrillo provoca mareos y náuseas, un fenómeno que también se observa en adictos crónicos si fuman con frecuencia e inhalan profundamente. El hecho de fumar se refuerza y es más probable que se siga fumando con o sin euforia, a pesar de los efectos negativos de la primeras dosis. Los fumadores se convierten rápidamente en tolerantes y aprenden a controlar estas sensaciones negativas, cambiando la cantidad y profundidad de las inhalaciones.

No hay acuerdo sobre la razón y la manera en que la nicotina lleva a un aumento del número de enfermedades graves e incluso mortales. Se sabe con bastante certeza que uno de los productos originales al fumar cigarrillos, el monóxido de carbono, aumenta el riesgo de trastornos cardiovasculares. Se cree que las aminas con cancerígenas y, junto con otros productos derivados de fumar, constituyen una causa evidente de envejecimiento prematuro.

Sin embargo, los trastornos cardiovasculares y el cáncer de pulmón no son las únicas enfermedades con mayor relación tabaco-mortalidad. Hay que añadir el cáncer de laringe, la obstrucción crónica pulmonar, la bronquitis crónica, el cáncer oral y esofágico, el retraso del crecimiento intrauterino y el bajo peso al nacer, posibles relaciones con otros tipos de cáncer (por ejemplo, vejiga, páncreas, riñón e intestino), e infecciones respiratorias tanto en fumadores como en quienes están expuestos pasivamente al tabaco.