Prácticas peligrosas con alcohol

El consumo de alcohol por parte de los jóvenes españoles de entre 14 y 18 años es creciente. Según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, más del 80% de estos menores han probado el alcohol en algún momento, la mitad se han emborrachado durante el último año y el 30,8% lo han hecho en el último mes.

Y a este riesgo hay que sumar un plus: emborracharse de forma rápida y peligrosa es una nueva moda importada entre algunos grupos de estos jóvenes. Y con ella aparecen nuevos nombres para denominar esta práctica, como el binge drinking o la drunkorexia.

Se trata de un consumo que, suma dos peligros: el consumo en una franja de edad tan baja y el modo en que este consumo se lleva a cabo. Concretamente, más del 40% de los jóvenes en Europa reconocen beber en forma de binge drinking (consumo intenso de alcohol en muy poco tiempo) al menos una vez a la semana.

El desarrollo físico y cerebral de una persona no se completa hasta los 21 años aproximadamente, y los menores que se someten a grandes consumos pueden sufrir problemas de salud considerables.

Las cifras recogidas por el Observatorio Español sobre la Droga y las Toxicomanías, revelan lo extendido que está este fenómeno: el 20% de los adolescentes de 14 años lo han practicado en el último mes, un porcentaje que se eleva al 30% entre los jóvenes de 15 años, al 43% entre los de 16, y al 51% entre los de 17 años. Y el proyecto europeo de encuestas sobre el alcohol y otras drogas señala que más del 40% de los jóvenes en Europa reconocen beber en forma de binge drinking al menos una vez a la semana.

La drunkorexia es otra modalidad de este tipo de consumo. Consiste en reducir la ingesta de alimentos, o en saltarse comidas, para beber más y compensar de este modo las calorías aportadas por el alcohol. Este hábito es considerado como un trastorno que combina elementos negativos de la anorexia y el alcoholismo.

Otra combinación arriesgada es el consumo simultáneo de alcohol y bebidas energéticas, un tipo de ingesta que el 53% de los jóvenes europeos, ya que las bebidas energéticas contribuyen a enmascarar los efectos producidos por el alcohol y pueden provocar una falsa sensación de resistencia a la bebida, llevando al usuario a aumentar peligrosamente el número de copas. El factor causante de esta sensación es la cafeína, que se encuentra presente en altas dosis en las bebidas energéticas.

Más allá de estas prácticas límite, la ingesta intensiva de alcohol y de otras sustancias incrementa además la exposición de los jóvenes a otros peligros, como la disminución de la percepción del riesgo en las relaciones sexuales, que puede traducirse en embarazos no deseados o en infecciones de transmisión sexual.

 

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